Paseando a las orillas del mar
vi a lo lejos a una chica sonreír,
y tras dos largas horas de esperas
descubrí que a quién miraba era a mí.
Poco a poco me fui acercando
al lugar en donde ella yacía,
y le susurré con dulzura al oído
lo bella que estaba ese día.
La chica entusiasmada
se levantó y quiso pasear conmigo,
me abrazó por la cintura
y juntos anduvimos rumbo al paraíso.
Allí me encontré una esmeralda
con una nota que decía,
por mucho que me des la espalda
jamás olvidare este día.
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