Pensé en aquella tarde de otoño
que mi vida podía cubrir de alegrías,
una semana, un mes o un año
trescientos sesenta y cinco días.
Podía cubrir el horizonte
con susurros que ataran la vida,
al pino más alto del monte
el que está más lejos de la mentira.
Pues quien reside entre la falsedad
se verá rodeado de rabia e ira,
y al verse solo ante la soledad
se sentirá como un miserable suicida.
Pero hay una manera de cambiar
de un alma su personalidad,
dejando a un lado ese pasar
que nos lleva camino de la maldad.
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